Y no es para menos, ya que si cuidamos la salud de nuestra boca, también cuidamos la salud de otras zonas de nuestro cuerpo como la garganta, los oídos, o el estómago. Así evitamos infinidad de infecciones que pueden afectar a estos órganos dando lugar a patologías más graves.
Y es que nuestra boca acumula muchas impurezas. ¿Sabías que la mordedura humana es casi tan "sucia" como la de cualquier animal? Los restos de alimentos, el sarro y las bacterias son varios de los "inquilinos" que habitan normalmente en ella. Por eso, es fundamental la
higiene diaria de nuestros dientes y encías, y por su puesto, también de nuestra lengua.
Para ello, lo primero es elegir la
pasta y el cepillo adecuado. Procura utilizar
pastas o geles dentales ricos en flúor y calcio, que ayudan a mantener el esmalte del hueso y el equilibrio bacteriostático en la
flora bucal. Compra aquellas que sean adecuadas a tu edad, ya que la concentración de estos
minerales no es apta en la misma proporción para su uso en niños y adultos. En cuanto al cepillo, utiliza uno de dureza suave o media. Procura evitar los cepillos muy duros, sobre todo si sueles realizar un cepillado "intensivo", ya que puedes dañar las encías e incluso el esmalte dental, dejando al descubierto la base o corona del diente. Esto sería bastante perjudicial a la larga, ya que en esta zona es donde se acumula el sarro (sales de calcio y fosfato) principal nutriente del que se alimentan las bacterias que pueden dar lugar a la caries. Según vayamos cumpliendo años sí que es importante utilizar productos que eviten la pérdida de "carne" en la encía. Tienes como ejemplo algunas
pastas y colutorios antiedad ricas en vitamina B5 y en otros componentes que las fortalecen.
Si no te gusta o no puedes usar el cepillo, otra opción para llevar a cabo la limpieza de los dientes es utilizar hilo dental o cepillos interproximales para sacar fácilmente los restos de alimentos depositados en los espacios interdentales. Una vez concluyas será aconsejable que te enjuagues la boca con agua o mejor con un
colutorio. Estos también puedes utilizarlos diariamente ya que ayudan a eliminar posibles restos de alimentos y parte del sarro que permanece en el borde de las encías aún después del cepillado . Su uso también te ayudará a mantener la lengua limpia, aunque sería aconsejable que utilizaras un limpiador lingual al menos un par de veces a la semana y mejor por la mañana, que es cuando se acumulan más impurezas después de toda la noche.
Cuando no te sea posible lavarte los dientes (aunque estés fuera de casa intenta siempre hacerlo), y aunque no es lo más adecuado, una alternativa es masticar chicle sin azúcar después de comer durante unos minutos y después tirarlo, ya que por lo general arrastra el resto de alimentos que puedan quedar entre los dientes. En su defecto, puedes tomarte un
té sin azúcar (por supuesto sin limón y sin leche), justo después de comer, ya que es muy rico en
flúor y protegerá a los dientes.
Si eres cuidadoso en tu
higiene bucal diariamente, y visitas al dentista al menos un par de veces al año (recuerda que cuanto más tardes en ir a verle supondrá "más dolor y más dinero"), no tendrás problemas para presumir de una boca sana.
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